Y
se me escurren los recuerdos de vida larga,
los
que en su día brillaban en mi mente despejada
y
los veo partir, día tras día, impávido.
Sin
poder hacer nada.
Sé
que mi cruel enfermedad no se cura,
pienso
mientras paseo por las calles de mi infancia,
junto
con un fiel amigo que sí recuerda aquel pasado,
Pasado
de hambre y miseria, pero feliz.
Y
no me da miedo perder recuerdos,
sino
sentirme solo y abatido, sentirme caer en espiral
hacia
la decadencia, hacia no saber quién
es
el hombre que se mira delante del espejo.
Cuendo
de niño jugaba con mi fiel amigo,
por
las empedradas calles en otoño marchito
jugábamos,
sengún me dice, con las secas hojas
de
un sauce llorón que nos mira con desconcierto
El
sauce donde nos encontramos desapareció,
pero
aún lo recuerdo, de momento...
Si
pudiera conservar los recuerdos,
los
guardaría en el corazón, pues tengo seguro
que
en aquél recondito lugar, no se olvidan.

No hay comentarios:
Publicar un comentario