martes, 1 de enero de 2013

DÍA ROJO

Ese caluroso día se tiñó de sangre roja como carmín
como nunca en la villa se podía imaginar.

La pasión que me recorre las venas
es tan limpia como al agua clara
Pero la imposibilidad me nubla la vista,
cada vez que te veo en la iglesia.

Y estas a lo alto, como al lado de dios
y más tarde en cabina donde escuchas pesares;
purgando pecados de viejas feligresas,
que en el alma les arde la confesión,
por mísera que sea su tribulación.

Y desde que limpio tus sábanas,
y tiendo tu reluciente hábito,
hábito que es mi condena al saberme
presa de un amor ya entregado a dios.

Y sé, porque lo veo en tus ojos sabios,
que tú también ardes de unión carnal.
Pero mi carne pertenecerá mañana a otro,
cuando con tu bendición,
nos cases en tu morada,
el templo que acoge a todos
como te gusta llamarlo en soliloquios.

Y no escogí al que me desposará mañana
no seré testigo de unas nupcias falsas
solo por complacer al que me da de comer.

Huyuamos por siempre,
donde tu hábito y mis obligaciones
solo sean niebla que con viento, se esfuman...