El
balanceo del viento provoca olas de recuerdo
que
le sobrevienen a la princesa de los deseos
evocaciones
de un ayer que ya pasó efímero
al
ser tan feliz aquel tiempo, y ahora, éste, triste.
La
princesa tiene en su alcoba un reloj de arena roto
Rumor
de olas, arrullando; brisa marina, acariciando.
Y
la arena que sostiene preñando el reloj de arena
esa,
la cogió un día del fondo del océano azul
Como
su mirada penetrante, al extraviarse tanto tiempo,
hacia
paisajes lejanos desconocidos por su entendimiento.
La
princesa cae enferma de un desconocimiento total
y
sus recuerdos avivan la llama aún candorosa, de su felicidad.
Unos
versos me han sido arrebatados por la princesa
aquella
que no tiene más tiempo que el fijado por el reloj de arena
el
cual, cansado de hacer su laboor un dia perecerá,
como
las gaviotas tristes que vuelan sin saber por qué.
