Los párpados se cierran, como cansados
de tanto peso,
pero no consiguen evocar el dulce sueño
el dormir nunca fue tan difícil, para
una mapriposa como yo.
Que siempre duerme, hasta volando en
una tormenta.
Mariposa de alas verdes, sobrevuelo
mareas y tempestades,
con la única compañía del viento,
el viento y mis párpados, que se
cierran en una espiral
espiral de deseo de poder dormir
dentro de una noche de tormenta,
que amenaza con romperme en dos, las
alas, el cuerpo,
mis párpados.
El insomnio que acontece al cansancio
es eterno
desde la visicictud entre la vigilia y
el sueño,
el sueño eterno de no despertarse y
vagar,
vagar entre dulces recuerdos de un
adiós prolongado
en tristes agonías de una noche de
tormenta.
Mariposa soy en una noche de tormenta,
me desintegro en mil añicos,
batida por la agonía del infinito
sueño,
del inmenso insomnio en una noche de
tormenta.

Precioso. Me imaginaba algo tan frágil, como es una mariposa, envuelta en una tempestad fuerte y pasional, empujándola, estrujándola, jugando con ella... cansándole tanto, pero sin dejarle dormir.
ResponderEliminarBello poema.