martes, 18 de diciembre de 2012

MORFEO

El ulular del viento se cernía sobre mí,
cómo si no tuviera a quién más aferrarse en el mundo,
y a lo lejos, en el horizonte,
veía una luz, blanca, infinita, preciosa en su omnipotencia,
por lo que me olvidé del viento cruel y pensé en la luz,

me ví reflejado en la mar, estaba envuelto en llamas,
con una precisión y perfección que me hacía sentir fuerte,
y el ulular del viento se cernía sobre mí
como si no tuviera a quién más aferrarse en el mundo.

El ojo avizor del sol me vigilaba impasible,
y supuse que era el autor de mi estado llameante,
el sol, que me acompaña las noches de tormenta,
cuando todo es magia, todo es poesía.

Y cuando parecía alcanzar todo la perfección más absoluta,
cuando me creía omnipotente, como la luz,
como el fuego, como el sol, como el viento,
cuando me creía un dios, capaz de luchar contra la propia Muerte,
desperté en una habitación húmeda, como si nada huebiera pasado,
como si Morfeo me hubiera visitado,
como hacía cada ocaso crepuscular.


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