Esta mañana el albor decrecía
exponencial,
pero el albor del hombre ascendía sin
fín.
No se acaba el vaso por beber su
interior,
ni la flor se marchita por darle más el
sol.
El hombre sin fín está hecho de sí
mismo
y no se acaba nunca, pues ese es su
objetivo.
La música que reproduce es un llanto
de magia
magia inacabada de furor por vivir
joven.
La mañana deja hálitos de rocío
inesperado
y el hombre sin fín pasea, para
perderse en el mundo,
un mundo sin fín, también, piensa
Un mundo donde el caos del desorden lo
fascina
y se empapa de magia de la música que
reproduce
y que tampoco tiene fín, pues perdura
en su mente
mente infinita y lujuriosa,
aunque el albor decrezca exponencial.
Pero el albor del hombre asciende sin
fín,
tanto como su álito, como su boca,
como su sonrisa
y se acerca al mar, le gusta lo
profundo.
Mientras el albor de la dulce mañana
decrezca exponencial, él seguirá
siendo
un hombre infinito.
No se acaba el vaso por beber su
interior,
