Y
eran tres dulces y bellas niñas
como
nunca se ha visto en tierras de Alá.
Y
sus cuerpos no podían ser tocados nunca
por
vil hombre nunca... esos designios
eran
voluntad del cielo divino.
Y
el cielo habia querido
que
fueran bellas como nayades y huérfanas.
Vivían
de noche, bailando hasta el amaecer.
A
raíz de cierta edad, las venderían,
como
esclavas, y no bailarían jamás.
Atadas
de manos y pies, sin poder decidir.
Tampoco
podían yacer por propia voluntad,
así
eran vírgenes hasta la saciedad,
vírgenes
que se tocaban mutuamente.
Y
decidieron suicidarse conjuntamente,
para
acabar en este reino por propia voluntad.
Única
decisión de su corta vida.
Las
vírgenes suicidas, dice el saber popular,
estarán
en el aire mientras
el
baile haga arder las llamas del deseo.

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