En
la algarabía mísera del bosque
las
hojas bailan al compás del viento,
que
las mece en un suve susurro
al
ser azotadas por una cálida ráfaga.
Los
animales que habitan corren en tropel
como
movidos por un impulso conjunto
hacia
el hermano sol cuando amaence
y
hacia la hermana luna cuando atardece.
Me
lo digo a mi mismo en el espejo
la
ansiedad que me corroe las entrañas
y
pienso en ese bosque, en esas ramas
azotadas
por el vaivén del aire.
La
ansiedad hierve en las venas marchitas
de
un ayer que ahora recuerdo.
Unos
recuerdos que creía ya enterrados
en
lejanas tierras yermas e infecundas.
Y
me digo a mi mismo,
mientras
mis ojos recorren la mirada mía,
que
la ansiedad que me recorre por dentro
debe
de expirar algún cercano día.

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