En
días de tormenta, como hoy
escucho
al viento silvar, con fuerza
mientras
que las ramas de los árboles,
gritan
despavoridas al no saber lo que ocurre.
La
marea sube, el sol decrece, el mar duerme
y
el viento... el viento sopla con fuerza
como
nunca se le ha escuchado cantar
y
es donde se produce la tempestad.
Y
son bastantes días los que dura la tormenta,
como
si no tuviera tiempo de dormir.
Como
si abatida siguiera desplegándo su furia.
Y
yo, que soy débil hoja de sauce,
me
abates con tus embistes, como si te divirtieras
de
mi sufrimiento, pues a mi me gusta dirmir,
rozar
impávidamente el agua del lago...
