La
resurrección con la que acompañas mis veladas
era
tan intensa que llego a creer que la irrealidad fue falsa
Y
lo fue también las largas noches de vigilia solitaria
en
la que los fantasmas de la noche eran mis amigos.
Y
tú te ríes por no llorar, dices; por lo que cuento,
crees
que soy una loca confusa que nació en época anterior
y
por equivocación pura vine a este mundo, a contemplar
las
tristes mañanas viendo el amanecer, con ojos llorosos.
Y
mis ojos contemplan el alba, no pueden conciliar el sueño
la
decadencia de mi espíritu se cierne en mi, como una letanía
donde
parece que mi penitencia fue siempre tener la mirada abierta
Y
no poder soñar con otras realidades, por eso, me llamas loca.
Y
es mi soledad la que me acompaña en las noches angostas,
donde
vago sin ruta, para alibiar el aburrimiento sórdido,
deseando
que llegue el día en que acabe mi vigilia prolongada
el
día en el que pueda decir: he soñado, como los demás mortales.

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