Y
cuando el deseo nubla mi vista y me impide
a
un tiempo no reconocer mis sentimientos,
me
siento vulnerable de no controlarme
pues
soy como una hoja que tiene de guía
el
viento.
La
ambivalencia de las soledades que teje en mí
recuerdos
de un día nublado, y la inquietud surca
senderos
donde no distingo la claridad de la sombra.
Y
es miseria, pero también alegría, dos caras de la misma
moneda.
Y
si te dijera que mis conflictos son los mismos
que
tus alegrías te reirías, como ya lo hiciste una vez.
Y
de sentimientos encontrados vivo, en un mar de duda,
en
un lago de ocasos efímeros, donde no distingo
mi
rostro.
El
llanto nunca fue tan alegre, ni la risa tan pésima
la
soledad nunca es tan amarga ni la compañía tan sincera.
Y
donde me acuesto cada noche desde hace ya muchos años
no
consigo distinguir tampoco, hacia donde se fugan
mis
sueños.
