martes, 18 de diciembre de 2012

LECHE BLANCA

La lentitud del pestañeo de tus ojos sugerentes
me hacen sentir más vivo que nunca.
Los ojos... aquellas puertecitas imprecisas
que van a parar al alma.

La evocación del deseo con que me miras
me dice que te siga, que es camino seguro.
Hay contrato firmado entre tus ojos y tu alma,
lo tengo muy seguro. Como nunca he estado seguro de nada.

Y depués de un momento decisivo,
tus ojos se convierten en dos gotas de lluvia,
lluvia intermitente, se ha apagado tu mirada
por un mar de leche blanca difusa, dices:
“solo veo una imprecisa luz blanquecina,
jamás nunca odié tanto este color,
color que aglutina todos los demás”.

Y es cuando tu ojos no me dicen nada,
no miran a nada,
solo a un mar de leche blanca;
aunque sé que tu alma sigue inmóvil dentro de tí.


APOCALIPSIS

¿Y si sobreviniera un espectro de sombra?
La miseria se cerniría sobre el corazón
abatido de tanto vaivén, de tanta algarabía.

La algarabía que bate sus alasy se mezcla con la locura
inmersa en el deseo de la impermanencia
la locura es sabia, es metódica, es precisa.
Es necesaria en este mundo apocalíptico,
donde las risas acontecen en un desorden de imprecisión.

¿Y si atacara un espectro de impiedad?
Sólo el corazón sabría qué hacer en el momento preciso
controlado por impulsos viscerales
por los instintos naturales del ser vivo, ser humano.
Y sería como nunca, ese momento vivido
un cúmulo de catarsis pacientes, a la espera de ser desatadas.

Por el motivo de supervivencia innata,
el motivo más visceral que tenemos.

INSOMNIO

Los párpados se cierran, como cansados de tanto peso,
pero no consiguen evocar el dulce sueño
el dormir nunca fue tan difícil, para una mapriposa como yo.
Que siempre duerme, hasta volando en una tormenta.

Mariposa de alas verdes, sobrevuelo mareas y tempestades,
con la única compañía del viento,
el viento y mis párpados, que se cierran en una espiral
espiral de deseo de poder dormir dentro de una noche de tormenta,
que amenaza con romperme en dos, las alas, el cuerpo,
mis párpados.

El insomnio que acontece al cansancio es eterno
desde la visicictud entre la vigilia y el sueño,
el sueño eterno de no despertarse y vagar,
vagar entre dulces recuerdos de un adiós prolongado
en tristes agonías de una noche de tormenta.

Mariposa soy en una noche de tormenta,
me desintegro en mil añicos,
batida por la agonía del infinito sueño,
del inmenso insomnio en una noche de tormenta.


SIRENA DEL ÁRTICO

La precisión en la emulación de tu mirada,
a la mirada que siempre soñé, la mirada de una sirena del Ártico,
la cual me entregó su perfume, su secreto, su alma,

La precisión del juego que haces con las manos,
me recuerda cuando jugábamos de niños a mirarnos dentro
mirar dentro de nuestras almas, con los ojos ávidos de deseo
sórdida imagen de infancia pasada entre hielo frío
y surcos deslizantes de imaginación sin límites.

El albor del amanecer perezoso despliega sus alas,
como cuando mi sirena del ártico me visitaba en mis sueños,
siempre ella, no fallaba, puntual, despierta
para recordarme que ella era mi musa y que siempre lo sería.

La precisión en la emulación de tu mirada
a la mirada que siempre soñé, la mirada de mi sirena del Ártico,
se mezcla en suaves melodías que me sumergen en un hálito,
en un hálito vaporoso en indescifrablemente perfumado.

Y ese perfume, el perfume de mi sirena del Ártico
me hace sentir tan niño, que pierdo la noción del tiempo.



MORFEO

El ulular del viento se cernía sobre mí,
cómo si no tuviera a quién más aferrarse en el mundo,
y a lo lejos, en el horizonte,
veía una luz, blanca, infinita, preciosa en su omnipotencia,
por lo que me olvidé del viento cruel y pensé en la luz,

me ví reflejado en la mar, estaba envuelto en llamas,
con una precisión y perfección que me hacía sentir fuerte,
y el ulular del viento se cernía sobre mí
como si no tuviera a quién más aferrarse en el mundo.

El ojo avizor del sol me vigilaba impasible,
y supuse que era el autor de mi estado llameante,
el sol, que me acompaña las noches de tormenta,
cuando todo es magia, todo es poesía.

Y cuando parecía alcanzar todo la perfección más absoluta,
cuando me creía omnipotente, como la luz,
como el fuego, como el sol, como el viento,
cuando me creía un dios, capaz de luchar contra la propia Muerte,
desperté en una habitación húmeda, como si nada huebiera pasado,
como si Morfeo me hubiera visitado,
como hacía cada ocaso crepuscular.