Desde
que mi perro se tragó el mercurio,
desde
que mis padres pedantes me reprimen,
desde
que no soporto las pareces de mi cuarto,
duermo
en la parada Pio trece, Madrid.
Y
estoy perdido, pero comienzo a acostumbrarme
y
encuentro algo con lo que entretenerme,
y
en la máquina fotomatón me siento,
le
doy de comer, ¡flash! y espero...
De
pronto siento que soy otro
una
persona que le hacen mil preguntas
y
supongo, que miro a todos
como
miran las vacas desconcertadas
Y
cuando vuelvo a la realidad del fotomatón,
otra
sacudida me sobreviene,
y
ahora estoy en un coche, de noche
escuchando
la conversacion de tres chicas.
No
me da tiempo a pensar,
en
la irrealidad de la situación,
solo
me sumergo en lo que me depara
el
maravilloso fotomatón...
Una
vez más, la última foto;
en
esta estoy en un mar de madera marrón
y
entre astillas alguien grita mi nombre,
pero
ese no soy yo.
Pero
se me acabó la aventura,
tengo
que volver a mi realidad,
la
máquina dichosa parió gustosa
una
experiencia que no se me olvidará.

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