El esplendor de las dulces tempestades
aviva en el alma yerma de innegable
silencio,
sobreviene una sacudida, dos, tres
hasta que el viento, cansado de tanto
azote
perece en un cálido expirar de suspiro
súbito.
Y es la catarsis que produce,
aquella sensación de desaliento
provocada por la difusa emoción
del expirar del viento en mi corazón.
Corazón henchio de tanto dolor,
de tanta algarabía insana.
La emoción contenida explota
para acabar en un cúmulo de deseos
y es la catarsis, esa sensación de
pánico,
ese instante de vértigo y lujuria a la
vez.
El sentimiento visceral que se mezcla
con sacudidas de pánico indescifrable
y el dolor del vientre persiste...
y te hace sentir vulnerable.
El esplendor de las dulces tempestades
aviva en el alma yerma de innegable
silencio,
sobreviene una sacudida, dos, tres
hasta que el viento, cansado de tanto
azote
perece en un cálido expirar de suspiro
súbito.

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