Mientras te veo bailar en tu alcoba de
espejos,
se me antoja que un ángel me guarda,
en interminables sacudidas de deseo
impreciso.
Y el deseo aumenta exponencialmente,
en cada sacudida de caderas,
en cada movimiento de piernas
en cada expulsión de fuerza viva
en cada compás de las música en tu
cuerpo.
La música se escenifica en tu cuerpo,
y tu,
ahora tú, ángel del sur, eres la
música hecha mujer.
Y la música encuentra cobijo en tu
cuerpo,
que no puede ser más hermoso... aunque
se lo propusiera
Mientras te veo bailar en una alcoba de
espejos,
me concentro en mi locura, el deseo
intermiable
de la sinrazón rozándome el alma.

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